Mudanzas

Febrero 6, 2009

Las mudanzas siempre implican un desgarramiento, un duelo.

En mi caso estoy realizando una mudanza interna, al volver a convivir con alguien en un espacio reducido, por lo que necesito “reordenar” lo que ya hay y, sobre todo, “desprenderme” de lo que ya no necesito.

La acumulación de cosas que vamos haciendo, y que por lo general son inservibles o solo ocupan lugar por el solo hecho de haber sido usadas en algun momento, imponen la necesidad de clasificar -clarificar- los usos y necesidades de cada papel, volante, factura, formulario, anotación. Y ahí vienen los encuentros con viejas tarjetas -personales, de salutación, de crédito, postales, de teléfono, etc- algunas de las cuales ya no tienen el mismo valor, y otras se revalorizan con el tiempo. Monedas, billetes de 1 dolar (trae más plata, decían las abuelas), cablecitos y fichitas de televisores, computadoras y vaya uno a saber qué otros electrodomésticos; las facturas y manuales de viejos aparatos; todo constituye una especie de arqueología del pasado-presente, que de alguna manera se fue superponiendo en capas de tierra que ahora necesitan ser removidas y purificadas.

Y es ese proceso purificador el que duele, el que estresa, el que atraviesa el pensamiento de uno, ahí, frente a 50 compact discs originales y algunas copias, que marcaron etapas, épocas, semanas y a veces solo un par de días, y que ahora van a parar inexorablemente a la bolsa negra de la basura. Artistas y bandas que antes nos conmovían, artes de tapa y libritos con las letras de las canciones, que admirabamos y analizábamos por horas, todo va a parar a una especie de papelera de reciclaje mental, una especie de “depuración” de nuestra memoria, para dejar espacio vacio, en blanco, para nuevas letras, nuevas tapas, nuevos interpretes.

De a poco las estanterías van quedando vacías; se van formando pilas con rótulos tan imprecisos como “cosas de N.”, “cosas de A.”, “trabajos viejos”, “archivo 2008″, “familiares”, etc, con el fin de devolver los prestamos a sus dueños, y de reordenar lo que queda del desguace.

En anteriores ocasiones, siempre habia una pila denominada “A revisar”, en la cual terminaban en una especie de limbo todos los cd o dvd con dudas, sobre los cuales no tenía certeza del todo de si iban a parar al tacho o no. Esta vez, no hay momento de “revisar”. Todo pasa por una rápida y drástica clasificación, en la cual se tienen pocos escrúpulos a la hora de dar de baja aquellos ítems sospechosos de ocupar más espacio por el solo hecho de ocuparlo nomás.

El momento de tirar libros y revistas es más delicado, más exhaustivo. Parecieran poseer un halo sentimental que los envuelve y los hace más proclives a dejar una huella más profunda en nuestras vidas. Así sean colecciones enteras de revistas “PC Users” o publicaciones y apuntes de viejas carreras universitarias, nos detenemos más tiempo a releerlas, a reflexionarlas, a saborearlas, a revivirlas. Probablemente quede la mayoría, aunque si diésemos una segunda revisión seguramente tiraríamos la mayoría.

Yendo al ropero me encuentro con cajas, cajitas y cajotas de todo tipo de artefactos, con sus manuales, garantías e insumos. “Por cualquier cambio debe traer el embalaje original” te dicen los vendedores, y vos vas acumulando una cantidad de cartón que llegado el caso te hace recordar a la bodega de Citizen Kane, con todas sus cajas y cosas olvidadas. Ahi es más fácil descartar lo que se queda de lo que se va. Por lo general los artículos más caros o con más probabilidades de romperse (y sobre todo reclamar su garantía previa presentación de la caja correspondiente) son 1 de cada 10, por lo que es un momento liberador, de romper y/o doblar y tirar.

Al lado de las cajas aparecen frazadas y ropa de invierno, prendas de vestir antiguas que uno ha ido acumulando y que no va a usar más, y de nuevo a hacer pilas: “Para donar”, “Invierno”, “Verano”, “Devolver a padres”.

De a poco todo va cobrando un nuevo sentido, las cosas y los lugares se van resignificando y los mismos usos que antes tenían también cambian. Todo aparece limpio y nuevo otra vez.

Y si bien las mudanzas son dolorosas, podríamos equipararlas a un parto: algo nuevo está por venir, y hay que prepararse a vivirlo con todas las expectativas y las energías puestas en eso que, seguro, va a ser mejor.

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1 Comment Add your own

  • 1. Naty.  |  Febrero 11, 2009 at 10:45 pm

    Ignacio: me gustó mucho el artículo sobre las mudanzas… sé, por suerte tal vez, de esos andares… Un abrazo enorme amigo querido. Que estés muy bien.

    Responder

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