“Once”, de John Carney
“Once”, de John Carney (2007)
Sobre “Once”, de John Carney (2007):
Una pelicula de amor inusual, filmada con un estilo documental, tanto en lo estetico como en lo argumental. Todo el tiempo sentimos que estamos dentro del filme, acompañando a los personajes o asistiendo como “voyeurs” a sus acciones. Esto le da un tono realista que potencia la historia y la empatia con los actores, que de por si tienen una quimica especial, que se plasma en la pelicula.
Si bien el argumento flaquea en algunos momentos (los protagonistas son dos marginales a los que les “va bien” en todo lo que emprenden, salvo en el amor), en lineas generales la historia es solida y refleja, tal cual un diario intimo, el nacimiento, desarrollo y fin de una historia de amor fugaz, pero que marcara a sus interpretes para siempre.
Ignacio Badano
Add comment Septiembre 7, 2009
Adventureland, de Greg Mottola
Adventureland, de Greg Mottola
Recorrido retro por los 80s, el fin de la adolescencia y el comienzo de la adultez. Trabajos, amistades y amores de verano.
Add comment Septiembre 4, 2009
Mudanzas
Las mudanzas siempre implican un desgarramiento, un duelo.
En mi caso estoy realizando una mudanza interna, al volver a convivir con alguien en un espacio reducido, por lo que necesito “reordenar” lo que ya hay y, sobre todo, “desprenderme” de lo que ya no necesito.
La acumulación de cosas que vamos haciendo, y que por lo general son inservibles o solo ocupan lugar por el solo hecho de haber sido usadas en algun momento, imponen la necesidad de clasificar -clarificar- los usos y necesidades de cada papel, volante, factura, formulario, anotación. Y ahí vienen los encuentros con viejas tarjetas -personales, de salutación, de crédito, postales, de teléfono, etc- algunas de las cuales ya no tienen el mismo valor, y otras se revalorizan con el tiempo. Monedas, billetes de 1 dolar (trae más plata, decían las abuelas), cablecitos y fichitas de televisores, computadoras y vaya uno a saber qué otros electrodomésticos; las facturas y manuales de viejos aparatos; todo constituye una especie de arqueología del pasado-presente, que de alguna manera se fue superponiendo en capas de tierra que ahora necesitan ser removidas y purificadas.
Y es ese proceso purificador el que duele, el que estresa, el que atraviesa el pensamiento de uno, ahí, frente a 50 compact discs originales y algunas copias, que marcaron etapas, épocas, semanas y a veces solo un par de días, y que ahora van a parar inexorablemente a la bolsa negra de la basura. Artistas y bandas que antes nos conmovían, artes de tapa y libritos con las letras de las canciones, que admirabamos y analizábamos por horas, todo va a parar a una especie de papelera de reciclaje mental, una especie de “depuración” de nuestra memoria, para dejar espacio vacio, en blanco, para nuevas letras, nuevas tapas, nuevos interpretes.
De a poco las estanterías van quedando vacías; se van formando pilas con rótulos tan imprecisos como “cosas de N.”, “cosas de A.”, “trabajos viejos”, “archivo 2008″, “familiares”, etc, con el fin de devolver los prestamos a sus dueños, y de reordenar lo que queda del desguace.
En anteriores ocasiones, siempre habia una pila denominada “A revisar”, en la cual terminaban en una especie de limbo todos los cd o dvd con dudas, sobre los cuales no tenía certeza del todo de si iban a parar al tacho o no. Esta vez, no hay momento de “revisar”. Todo pasa por una rápida y drástica clasificación, en la cual se tienen pocos escrúpulos a la hora de dar de baja aquellos ítems sospechosos de ocupar más espacio por el solo hecho de ocuparlo nomás.
El momento de tirar libros y revistas es más delicado, más exhaustivo. Parecieran poseer un halo sentimental que los envuelve y los hace más proclives a dejar una huella más profunda en nuestras vidas. Así sean colecciones enteras de revistas “PC Users” o publicaciones y apuntes de viejas carreras universitarias, nos detenemos más tiempo a releerlas, a reflexionarlas, a saborearlas, a revivirlas. Probablemente quede la mayoría, aunque si diésemos una segunda revisión seguramente tiraríamos la mayoría.
Yendo al ropero me encuentro con cajas, cajitas y cajotas de todo tipo de artefactos, con sus manuales, garantías e insumos. “Por cualquier cambio debe traer el embalaje original” te dicen los vendedores, y vos vas acumulando una cantidad de cartón que llegado el caso te hace recordar a la bodega de Citizen Kane, con todas sus cajas y cosas olvidadas. Ahi es más fácil descartar lo que se queda de lo que se va. Por lo general los artículos más caros o con más probabilidades de romperse (y sobre todo reclamar su garantía previa presentación de la caja correspondiente) son 1 de cada 10, por lo que es un momento liberador, de romper y/o doblar y tirar.
Al lado de las cajas aparecen frazadas y ropa de invierno, prendas de vestir antiguas que uno ha ido acumulando y que no va a usar más, y de nuevo a hacer pilas: “Para donar”, “Invierno”, “Verano”, “Devolver a padres”.
De a poco todo va cobrando un nuevo sentido, las cosas y los lugares se van resignificando y los mismos usos que antes tenían también cambian. Todo aparece limpio y nuevo otra vez.
Y si bien las mudanzas son dolorosas, podríamos equipararlas a un parto: algo nuevo está por venir, y hay que prepararse a vivirlo con todas las expectativas y las energías puestas en eso que, seguro, va a ser mejor.
1 comment Febrero 6, 2009
Sabado Unplugged
Nos despertamos temprano. Habíamos esperado toda una semana por ese día. Era sábado, 9 de la mañana. Desayunamos algo sencillo y, mientras yo me bañaba, ella preparó unos sanguches de atún, tomate y queso.
A las 10 ya estábamos en la ruta. El cielo estaba despejado y el tránsito tranquilo. Justo después de una curva, comenzó a aparecer el lago en toda su inmensidad.
A las 11 ya estábamos frente al dique, con el viento en nuestras caras y escuchando el ruido del agua correr. El terreno era por demás desparejo y esquivo: sólo permitía sentarse en las piedras o recorrer unos pocos metros.
Decidimos volver al camino y comenzar el ascenso por la sierra. Algunos turistas que se volvían por el mismo trecho nos avisaban que no valía la pena, que era muy lejos, que era muy empinado. A los 5 minutos comprobamos que sí, que era un programa bizarro para nuestro escaso conocimiento del trekking. Entonces paramos unos segundos en un recodo del camino. A lo lejos se veía el lago, algunas carpas, un par de personas. La abracé. Como si fuesemos niños, nos besamos tiernamente, durante un rato.
El sol nos quemaba en la cabeza, por lo que decidimos volver.
El segundo destino fue más acertado: un balneario alejado y familiar, con mucha sombra, río tranquilo, y barrancas de pastito para poder recostarse a leer. Desplegamos las esterillas y descansamos un rato. Con el trajin diario y el stress laboral que uno trae en la semana, es dificil “desconectarse”. Por suerte, la no-señal de celular en la zona, el pony que pastaba a nuestro lado y cada tanto amenazaba mordernos-lamernos-patearnos (o nada de todo eso), los árboles con mil y un hojas meciendose en el viento, el ruido del agua, la presencia de ella a mi lado, la promesa de un par de buenas lecturas… hicieron posible la desconexion.
Comencé con un par de artículos sobre el exilio, tema que a ella la tocaba en forma particular. Las reflexiones y vivencias de quien, por una razon o por otra, se encuentra a miles de kilometros de su tierra, son tan profundas y fuertez que dejan marcas. En el recuerdo, en el pasado, en la vida.
Su emoción me contagiaba, y por ahi era dificil continuar.
Lo segundo fue un poco más light: algunas críticas de cine de viejas revistas “El Amante”, más adecuadas para la discusión y la charla amigable que para la emoción.
Y así, entre letras y caricias, se nos fue la tarde. Lo bueno es que pude perder por unas horas la noción del tiempo, la atadura al reloj, a los compromisos, a las responsabilidades cotidianas. Fue un buen “sabado unplugged”.
Add comment Febrero 3, 2009
Crítica de Películas: Marley y Yo – En Busca de la Felicidad
Ayer me topé con dos películas, muy distintas en lo que a la historia se refiere, pero muy cercanas en cuanto al fin u objetivo que persiguen sus protagonistas.

Marley y Yo
La primera de ellas, “Marley y Yo” describe el transcurrir de una pareja a lo largo de unos 10-15 años, durante los cuales conviven con su perro Marley, quién hace desastres y provoca una seguidilla de gags, uno tras otro.
La pareja pasará diversas vicisitudes, tales como perder un embarazo, luego poder concretarlo y al fin, llegar a tener 3 hijos. Todo esto, siempre rodeados de confort y un “estilo de vida americano” envidiable (nunca les falta trabajo, casa, auto, e incluso una mudanza al lujosísimo Boca Ratón, “un vecindario más seguro donde no te acuchillarán en la entrada”).
Ahora bien, haciendo esta salvedad sobre el lugar ideológico donde nos sitúan la historia y sus personajes, me parece interesante destacar la sub-trama que se encuentra detrás de esta aparente linealidad de “boda-casa-trabajo-perro-hijos-vida feliz”. Y es justamente el cuestionamiento que se hace de este estereotipo social acerca de como deben construirse las parejas y vivirse las vidas.
En cada elección que los protagonistas hacen, saben que está dejando atrás otras opciones. Y ahí están los replanteos acerca de las supuestas dicotomías entre hacer una vida en pareja, tener y criar hijos, enfrentar crisis y desilusiones, poder re-inventar la pareja, versus la vida de la libertad y el crecimiento individual, profesional y social, sin mayores complicaciones.
Más allá de un final rosa y coherente con la propuesta general del filme, el director nos deja entrever que, más allá de las decisiones (acertadas o no) que tomamos en la vida, todo lo hacemos buscando esos pequeños momentos de felicidad, ya sea en familia, solos, o con un perro de compañia.
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En Busca de la Felicidad
La segunda película, “En busca de la felicidad”, es un drama basado en una historia real, acerca de un hombre al cual la vida parece darle la espalda: su esposa lo abandona, lo echan de su casa y está sin trabajo. Encima, con su hijo de 5 años a cuestas, debe intentar vender unos obsoletos aparatos médicos, que nadie quiere comprarle.
Sin embargo, nunca perderá la esperanza, y su fé y fuerza de voluntad (sumados a la presencia de su hijo) harán que logre algo casi imposible: obtener un trabajo.
Sin llegar a ser una colección de golpes bajos (aunque los hay, y bastantes), aquí se vislumbra otra vez esa búsqueda por lograr un sueño (en este caso el trabajo, que le permita tener una estabilidad y vivir bien con su hijo), y el recorrido que el personaje debe realizar para lograrlo.
Si bien el lugar desde donde se plantean las dos películas es diametralmente opuesto (“Marley y Yo” en una clase acomodada y de buen pasar económico, y “En busca de la felicidad” en una situación casi desesperante de desempleo y marginalidad) es interesante ver la búsqueda interna que sus protagonistas hacen por lograr ser reconocidos y obtener un poco de esa tan ansiada felicidad.
2 comments Enero 29, 2009
Inland Empire, la ultima obra de arte de David Lynch
Inland Empire, la ultima obra de arte de David Lynch
Impresionante, asombrosa, oscura, fuera de todo lo conocido… asi es la ultima pelicula de David Lynch, que vuelve a sus temas de siempre: los sueños, las perversiones, el inconsciente, las historias dentro de historias… muy recomendable.
1 comment Octubre 16, 2007
Pescetti – Todos los retos de los mayores a los chicos
Muy graciosa cancón que recopila todos los retos que le dan los padres a los chicos. Por acumulación da cuenta de lo ridículos y cansadores que son… escuchala haciendo click aqui.
O en el link: http://www.goear.com/listen.php?v=52fb2ce
1 comment Septiembre 14, 2007
Nieve en el Parque Sarmiento!
Mas fotos de la nevada en Cordoba!! www.flickr.com/photos/ignaciobadano
Add comment Julio 9, 2007










